CREADORES FRENTE AL CONFINAMIENTO

MARIO
PANYAGUA

Es importante lo que estamos viviendo que creemos relevante hacer eco, ruido, gritar fuerte para que todos nos escuchen. Vivir confinados es una acción brutal. Tan brutal como pedirle a un niño que se quede quieto. Es un momento histórico, un golpe en nuestros corazones, un alto en nuestra vida. ¿Pero realmente lo es? ¿O somos capaces de transformar esto? En “El Laboratorio Creativo 206” creemos que sí. Es por eso que queremos hacer eco, ruido, gritar muy fuerte, sacudir y hacer que todos nos escuchen. Esto no nos va a detener. Hay que tomar las cosas, crecer. Y esto, es el proceso para hacerlo. Bienvenidos a “Creadores frente al confinamiento”, una serie de entrevistas que les realizamos a distintos artistas y creadores para conocer cómo ha sido su proceso durante esta etapa.

¿ Tienes algún ritual para tu proceso creativo, durante esta etapa? ¿Cuál es? Y ¿En qué podrías decir que es distinto antes del COVID-19?

El único ritual es preparar una jarra de café, sentarme frente la computadora con una caja de cigarros y una idea. En cuanto a que si es distinto el proceso creativo, la diferencia es que tengo un poco más de tiempo para avanzar la obra, aunque esto puede ser engañoso, si algo nos ha enseñado el confinamiento es a observar que el día se escurre en dos o tres actividades (en casa) y ya te cayó la noche. Yo he estado escribiendo a partir de las nueve o diez de la noche hasta las cinco o seis del alba, y puedo permitírmelo, ya que al otro día puedo levantarme a las doce o una de la tarde sin ningún problema. En “la normalidad” ni pensarlo, la vida se me va en actividades que poco o nada tienen qué ver con escribir.

¿Hay algo del encierro que te aporte de manera positiva en el desarrollo de tu actividad creativa?

No ha cambiado. Si tengo el chance me siento a escribir, si tengo flojera hago cualquier otras cosa y luego me siento a escribir. El resultado de las obras, la calidad de éstas, no la aporta el virus, pero sí la constancia; y escribir lo hago encerrado en casa, así que para mí continúa siendo lo mismo, sólo que con un poco más de tiempo para realizarlo.

Este periodo de confinamiento trastoca lo cotidiano en lo que al encierro se refiere, pero también conlleva una profunda crisis financiera que eventualmente tendrá consecuencias en todos los aspectos de la vida social. En este contexto, ¿Qué tendrían que hacer los creadores para encontrar un sustento económico viable?

Convertirse en doctores. Jajaja. Voy a divagar un poco: El problema es que en el imaginario colectivo, la idea del arte inmediatamente es relacionada con el éxito y el artista con fama, y peor aún, el común de la sociedad cree que las obras son para entretener o educar, no se piensa que están hechas para la reflexión, que sacuden y excitan nuestra imaginación, y con suerte nuestra entraña, que promueven otros mundos donde rigen otras leyes; y esas obras son expuestas a la opinión pública, que está harto acostumbrada a hablar de lo que no sabe como si lo supiera.

A aquellos que no se alzan en el olimpo de la fama se les ve como aficionados, como que hacen arte por hobby; para la música, la literatura, las artes plásticas… la percepción del público es la de una especie de pasatiempo del autor y no de un oficio, a ojos de la sociedad y del gobierno somos un sector improductivo, porque prevalece la idea de que el arte es prescindible. Creo que para solucionar el problema del sustento económico, lo que tendríamos que hacer es A: Pegarle al gordo. B: Fabricar un tónico casero que refuerce el sistema inmunológico y la gente crea que está más protegida ante el COVID, y comercializarlo. C: Robar un banco… Honestamente, sólo veo un horizonte gris y borroso ante esta pregunta; no veo ninguna luz a corto plazo.

Los recursos digitales se han reafirmado como elemento esencial en nuestro cotidiano. A partir de esto, ¿Dichos recursos se integrarán como herramienta de producción en tu trabajo?

En el área de la literatura no necesitamos más que un programa sencillo de escritura (Pages, Word, etc.), algunos diccionarios y a escribir se ha dicho. No dependemos tanto de las innovaciones digitales sino de nuestras lecturas, de nuestra capacidad crítica y educación estética. Reconozco que algunas disciplinas sí dependen de las innovaciones tecnológicas: la fotografía, medios audiovisuales, cine, música… trabajan directamente con estas nuevas herramientas; los escritores, creo que afortunadamente, gozamos de cierta independencia ante la avalancha de programas y apps, no dependemos de ellos para crear. En cuanto a integrar herramientas como la videoconferencia, ante la situación ha resultado útil y práctico, pero pasando el confinamiento pienso, y prefiero, volver al modo presencial.

¿Cómo crees que será todo, una vez que podamos salir y retomemos nuestras actividades?

Igual que antes, pero con cubrebocas y gel antibacterial a la mano. Un poco confuso al principio… el aire cargado de paranoia generalizada.


Sobre Mario Panyagua (CDMX, 1982)

Cursó la licenciatura de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Formó parte de la Compañía del Teatro Popular Universitario (TPU), dirigida por Rodolfo Alcaraz (Jacobo De). Fue becario del FONCA (Jóvenes Creadores 2015-2016 Categoría: Poesía). Ha participado en diversos encuentros y recitales poéticos y ha publicado en revistas y suplementos culturales. De su autoría son los poemarios: Pueblerío (Malpaís Ediciones) y Los cisnes no cantan cuando mueren (inédito). Funge como cronista de la revista Metrópoli Ficción desde 2014. Colabora como docente de la UACM en el Programa de Educación Superior para Centros de Readaptación (PESCER) coordinando cursos de literatura para reos dentro de los centros penitenciarios de la Ciudad de México. Ganó una mención honorífica en el Cuarto Gran Premio Nacional de Periodismo Gonzo (2018) y otra en el Quinto Gran Premio Nacional de Periodismo Gonzo (2019). Este año se publica su libro: El doctor Jekyll no fuma piedra —crónicas de un pícaro en sabático— (Producciones El Salario del Miedo).